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Breves historias de vida - 01 de Enero de 2004

¡Gordo!

¡Gordo!
Cómo empezar el chamuyo, en ausencia de sentidos,
si vos y yo nos miramos por comentario de hija
sos esa pinta prolija, perfumando las veredas
subido a aquellas dos ruedas para que el viento te elija.

La vida trepó tu mano, sobre flores y paredes,
en ese andar hogareño los pasos fueron estelas
como subido a una estrella la zapa anidó tu huerto
y ese corazón abierto fue la pródiga centella.

Oriente parió tu sangre sobre catre de algún tango,
la papusa se hizo dulce en el clamor de la espera.
Academia dominguera que elevando tus motivos
el lunes puso latidos en el Gráfico de entrega.

En cada brazo elevado, el saludo se hizo fiesta,
de vecindad marplatense se te ha llenado la diestra
como razón que demuestra el alma del semejante
teniendo sólo delante la bondad con que se presta.

No conozco tu partida, ni que fue lo sucedido
cada quien elige el sino y el motivo silencioso
ese mismo que hace honroso el pasaje por la vida
y aquel que nunca te olvida, con su recuerdo dichoso.
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2024 | Textos disponibles en el sitio: 594