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Poemas y visiones - 06 de Diciembre de 2014

Fantasma

Fantasma
Es casi absurdo que termine hablando de ti, dado que las obsesiones no suelen durar tantas décadas, sin saber cómo estará todo aquello que conocieron mis sentidos, sin imaginar la natural decrepitud que impone la ausencia y el acceso a nuevas vivencias
que también dejan arrugas y cicatrices.
Dentro de las nubes de los tiempos, mis ojos se fijan al llamado telepático de aquellas frecuencias y a ese trémulo resplandor depositado en tu labio inferior, abundante y oferente.
El destino ha querido que siempre estuviéramos cerca de distancias, a partir del día que dimos por concluido todo aquel sentimiento hermoso, tortuoso y doloroso.
Y soy conciente que está bien que así sea.
Sé que los rechazos que sustentan las vivencias uno trata de borrarlos definitivamente, para no detenerse de transitar el camino de la evolución.
He evolucionado lo que la experiencia me ha permitido, sobre todo, aquella que se contacta con el dolor y de eso algo sé.
También sé que nunca nos volveremos a hablar. Aunque yo siga escribiendo solamente lo bueno que tu ser interior dejó en mí, y esa influencia que quedó grabada en mi ADN espiritual y pasional.
Es por eso que los miedos paralizan, nos vuelven indiferentes y hasta desatentos de recordar todo aquello que se nos grabó a fuego como a las bestias de los rediles intransitables.
Tú callaras, ignorarás, maldecirás. Yo solamente escribiré de vez en cuando, hasta el día que me ausente como hombre de este mundo. Luego, me volveré mariposa o un breve apéndice de tu sombra.

El rigor del carácter suele con los años desbrozar la pérgola donde florecían las pasiones. A cambio rescatamos nuevos objetivos, más justos y menos desgarrantes. Miramos la vida fuera del internado sin pensar en los demás, y nos empezamos a sentir libres, independientes, distintos, dueños absolutos de nosotros mismos y de las cosas que escogeremos sin pedir opinión.
El entorno se transforma en una interacción entre el mundo – por un lado -, y nuestro ser sujeto a su capacidad individualista. Las imágenes existenciales se suceden con celeridad, revestidas de aparente seguridad, instauradas en el bastión que supimos alcanzar, creyendo que la verdad nunca más pasará por la interrelación que no nos permita controlar las futuras situaciones afectivas. Y el vaciamiento, el descreimiento, se disfrazan de autosuficiencia, de omnipotencia, de autocontrol, dándole visos de computadora a nuestras reacciones calculadas, a nuestras acciones especulativas, a nuestras pasiones programáticamente insatisfechas, pero, eso sí, coherentes y utilitarias.

Por eso, es casi absurdo que termine hablando de ti, dado que las obsesiones no suelen durar tantas décadas.
Sin embargo, cuando leo tus palabras escritas en el papiro de mi alma, la tinta de tu sangre desteñida me sugiere que nadie me podrá escribir como tú lo hacías, junto al fondo claro de tus manos quietas.
Adolfo Vaccaro, escritor argentino | mensajes@adolfovaccaro.com.ar | 2002 - 2017 | Textos disponibles en el sitio: 583